EL BLOG DEL PRICE


LARIBLEANDO POR UNA SEMILLA


09 de FEBRERO de 2015


La pista del Circo Price se halla sumida en un alegre caos. Casi cien niños saltan y corretean sobre los restos de una vajilla pulverizada, que ha alfombrado la pista de un manto blanco. Periodistas y cámaras corretean también, grabando. En medio de todos ellos, David Larible, que atiende a unos y a otros con la misma sonrisa encantadora. Por supuesto, la vajilla pulverizada que pisotean los niños es la consecuencia de uno de los números que acabamos de ver. David, mientras tanto, saluda, abraza, posa para las cámaras, para los móviles.

David acaba de mostrar, por primera vez, en público, extractos de su nuevo espectáculo, Laribleando, en una rueda de prensa para los medios. Decenas de niños de un colegio invitado han aportado su presencia y su respuesta incondicional. El espectáculo se estrena mundialmente en Madrid, tres semanas en cartel; y David lleva un intenso ritmo de acciones con los medios. Estuvo en Madrid en 2013 y vivió un gran éxito; los periodistas le recuerdan con cariño y no han faltado a la convocatoria. David invitó, hace unos días, a unos espaguetis que él mismo cocinó para ellos. Y es que el clown tiene la capacidad de transformar un día cualquiera, de trabajo, en un evento luminoso y divertido. La última vez que estuve aquí me recogieron tan bien y con tanto cariño que me sentía en deuda con los madrileños, cuenta.







David es uno de los clowns más célebres del panorama circense actual. Obtuvo la medalla de Montecarlo en 1999 y fue nombrado por el NY Times como el mejor del mundo; un apelativo que no me gusta mucho, no lo digo por falsa modestia; es algo que alguien dijo y tengo que llevarlo conmigo, no puedo hacer nada. Antes de formar parte del programa de grandes circos como el Circo Knie, el Roncalli, Ringling Bros. and Barnum and Bailey Circus o Circus Krone, David nació en el seno de una familia con larga tradición circense, dedicados al trapecio y a la acrobacia. En su familia no hizo mucha gracia que David escogiera el oficio de payaso, como él mismo admite. Pero David admiraba rendidamente a Chaplin, a Grock, a Charlie Rivel.. y a los hermanos Tonetti, a los que conoció en España, en el Circo Atlas, donde trabajaba su padre. Nací como clown en España; aquí se me sembró la semilla, con los Tonetti. España siempre tuvo una escuela increíble de payasos; Pepe Tonetti fue mi inspiración cuando era niño. Yo tenía cuatro o cinco años, mi padre me hizo una peli en super 8 y aparezco imitando a Pepe Tonetti; eran nuestros ídolos, no teníamos los Power Ranger. De Pepe aprendí a no necesitar tanto maquillaje, tanta pintura; con pocos retoques tenía una cara que provocaba emoción y risa. Y Manolo, con su voz profunda que tenía decía Buenas tardes, clientela, y yo era un niño, y todavía esto está en mi mente y mi corazón. Cuando me vienen los padres y me dicen Oye, David, este es tu fan número 1, tiene todas tus fotos, viene a tus funciones; me acuerdo de cuando yo tenía su edad y me fascinaba.

Sobre Chaplin, David también tiene una hermosa historia: Geraldine Chaplin vino a verme al Circo Knie y vino tres veces; me dijo cosas increíbles que no repito por pudor. Yo quería visitar la casa museo de Chaplin. Entré en esa casa con ella, y ella me iba diciendo, aquí tocaba el piano mi papá. Se va y vuelve y me da una llave y me la da, es la llave del cuarto donde vivió y murió mi papá. En mayo de 2016 se abre la casa museo de Chaplin. Hace unos días recibí una llamada para proponerme actuar en la inauguración de esa casa y acepté con todo mi corazón, porque Chaplin es lo máximo, era un genio, director, actor, compositor, a un gran nivel.

David cree que el oficio de payaso se puede iniciar en una escuela, pero que es necesario mucho más: Ayuda a sembrar semilla, pero la semilla tiene que encontrar una tierra fértil, el talento, y la paciencia de echarle agua, que no le dé demasiado sol, demasiado viento; los elementos concurren a hacer la diferencia entre alguien que va para divertirse y alguien que va para dedicarse a eso. El talento es sólo uno de los elementos. ¿Y qué es lo más importante, entonces? La dedicación, ensayar horas y horas. A mis 57, con cuarenta y pico de carrera, ensayo sin parar, y cada noche cambio y nunca estoy contento, porque el artista busca esa perfección que es una utopía, pero luchamos para acercarnos a ella.





 
 
 




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